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Yo - Yo


El origen del yo-yo se pierde en el tiempo. Algunos historiadores lo ubican entre los objetos de adivinación mientras que otros lo vinculan a ciertos tipos de armas arrojadizas.

 

Hay quienes ubican su origen en China, y aparece también en algunas decoraciones de la cerámica griega clásica.

 

Adquiere nueva fama en el siglo XVIII, cuando la aristocracia francesa y británica comienza a utilizarlo.

 

En nuestra época el yo-yo se volvió popular nuevamente en 1929, cuando el norteamericano Donald Duncan registró el nombre como marca comprando los derechos a Pedro Flores, quien había sido el primero en fabricarlo masivamente con fines comerciales a principios de esa década.